Publicado el por en Bogotá.

Un grupo de estudiantes de antropología de la Universidad de los Andes que se encontraban haciendo prácticas de arqueología en los páramos de la zona rural de Bogotá descubrieron por accidente una comunidad que todavía apoya a Enrique Peñalosa.

De acuerdo con el emocionado relato Felipe Uricoechea, uno de los estudiantes de los Andes, los miembros de esta comunidad salieron de la ciudad en octubre de 2015 en busca de la paz y la tranquilidad, y encontraron un sitio idóneo para llevar a cabo una vida autosuficiente en las faldas del páramo de Cruz Verde, en la localidad de San Cristóbal.

«Es increible, weooon, exclamó Uricoechea. «Imagínese este logro para la antropología como ciencia. ¡Encontrar que todavía quedan seres humanos que le comen cuento a Peñalosa! ¡Así sólo sean 27 es todo un hallazgo para las ciencias sociales!», Marcelo Cadavid, monitor del grupo de estudiantes, le contó a AP: «Estos manes estaban llevados con el caos de la Bogotá Humana de Petro. No se sentían a gusto en sus bicicletas fixie rodeados de bicitaxis y busetas del SITP provisional y demás chambonadas que permitió Petro y por eso decidieron establecerse lejos del mundanal ruido».

En efecto, Jacobo Orrantia, uno de los 27 integrantes de la comuna, le manifestó al enviado especial de AP que decidieron abandonar la capital, convencidos de que con Peñalosa la ciudad iba a cambiar. Aunque están muertos de ganas de ver la ciudad ya recuperada por el gerente visionario, quieren llegar cuando la Bogotá soñada sea un hecho. Es decir, en cuatro años y cinco meses, cuando ya se pueda nadar en el río Bogotá.

Además, los miembros de la comuna peñalosista están convencidos de que el tema de la movilidad ya tiene que estar resuelto desde febrero de 2016 y aseguran que, de acuerdo con sus cálculos, rebaños de venados ya pastan plácidos en los parques, separadores de avenidas y antejardines de Bogotá. «Estos pobres hombres no oyen noticias porque no están conectados a redes sociales, no trajeron radios ni nada», agregó Natalia Largacha, otra de las estudiantes. «No tienen ni idea del despelote que se armó la Van der Hammen ni mucho menos del TransMilenio por la séptima ni del proyecto del metro elevado, marica. Tampoco tienen ni idea de la contaminación por culpa del diesel ni del cada vez peor estado del sistema TransMilenio, ni de la tala criminal de árboles en el Virrey ni del sendero que va a acabar con la reserva forestal de los cerros orientales».

Los estudiantes terminaron su trabajo de campo y tomaron nota de los comentarios de los 27 peñalosistas de Cruz Verde. Pero decidieron no aterrizarlos en la dura realidad. «Sería un golpe tan duro como botarse del metro elevado de Paris», expresó Natalia Largacha para después añadir que uno de los deberes de los antropólogos es no interferir en las creencias de las comunidades, y más de aquellas que aún se mantienen aisladas de la civilización occidental.

«Es un tema meramente ético», enfatizó Uricoechea.»Además chévere que todavía quede gente que crea en Enrique. Imagínese, yo voté por él… A mí me da tristeza con ese pobre man. Y que todavía alguien crea en la buena fe de Peñalosa y lo defienda nos parece una chimba. ¡Es que todavía no me la creo, weoooon!».

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