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Ocurrió el viernes en la mañana en el consejo de ministros, cuando la Ministra de Transporte se refirió a la necesidad de destinar una partida del presupuesto del 2015  al arreglo de la carretera entre Girardot y Apulo, dada su importancia como vía de entrada alterna a Bogotá.

“¿Y dónde quedan esos pueblos?”, preguntó el mandatario. “Más allacito de Anapoima, pre, usted conoce”, le respondió uno de los ministros. “¿Cómo así? ¿Más allá de Anapoima sigue siendo Colombia?”

Un silencio incómodo se apoderó del recinto. Durante dos minutos solo se escuchó el arrullo de las palomas que anidan en el cieloraso de Palacio y muy a lo lejos el Xbox de la casa privada.

Muchos de los ministros creyeron que se trataba de una broma como las que ocasionalmente les juega el jefe, pero supieron que no lo era cuando visiblemente contrariado preguntó por los motivos de la súbita pausa y, sobre todo, de más de una mirada cómplice entre ellos.

“¿Fue por lo de Anapoima?, preguntó el mandatario. “Obvio que era en chiste”, dijo para luego solicitar que avanzaran en el orden del día mientras él le pedía a su edecán verificar que tuviera el pasaporte porque por la tarde salían para las Islas del Rosario.

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