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El mensaje de apretarse el cinturón que el presidente, Juan Manuel Santos, ha enviado a todas las instancias de la burocracia estatal tocó su propio hogar.

«Dicen que el ejemplo empieza por casa. Pues bien, la tal mermelada, esa de la que se agarran los críticos cada vez que están en plan de hablar mal del Gobierno, esa, esa mermelada la hará a partir de hoy mi esposa, Tutina, en la cocina de nuestro apartamento privado aquí en Palacio», afirmó.

Para tal fin la primera dama, quien de dientes para afuera ha expresado su emoción por aprender una nueva habilidad, se ha inscrito en unos cursos de repostería en el SENA que pagará ella misma «Con mis propias millas» afirma con firmeza la primera dama mientras nos muestra una tarjeta dorada de una aerolínea.

«Esto de la austeridad no es fácil» acota el presidente. «Pero Tutina ha aprendido una receta muy sabrosa para hacer mermelada orgánica que ahora tiene mucho pedido entre la juventud y me dijo anoche que por supuesto me colaboraba, además ha empezado a hacer mermelada light porque yo ya tenía ajustado el cinturón por otras causas», añadió.

Los frascos de mermelada -cuyo envase es retornable, pues luego será utilizado como vaso en la mesa de la familia presidencial para más austeridad- se venderán a la salida de Palacio y el mismo mandatario se los ofrecerá a sus pares durante sus frecuentes viajes al exterior. Los recursos que se obtengan irán a la fundación Colombia Dulce que busca evitar la extinción de los santistas y cuyo siguiente proyecto es la construcción de un hábitat artificial en inmediaciones de Anapoima (límites con San Javier) para que estos logren reproducirse dado que no sentirán el estrés que suele acarrear el cautiverio.

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