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Un fuerte estruendo rompió la habitual tranquilidad de los habitantes de Villapinzón, Cundinamarca, esta mañana. Aunque al comienzo todos creyeron que las exploraciones mineras habían regresado al municipio no obstante la oposición de la gente, pronto la Policía de Carreteras dio claridad sobre el origen de la misma: “con apoyo de la Fuerza Aérea y la división vial del Servicio Geológico Colombiano fue posible establecer el origen del sonido que con toda razón perturbó la tranquilidad de la zona: se trató de un fenómeno conocido como rompezón la barrera del sonido que ocurre cuando un objeto, en este caso un vehículo tipo bus pullman lujo afiliado a la empresa Los Libertadores que cumplía la ruta Bogotá-Sogamoso, alcanza una velocidad superior a los 1234,8 km/h”.

Pero la explosión sónica trasciende la anécdota y sus daños ya empiezan a cuantificarse. “Ese berriondo animal no quiere dar leche después del totazo”, asegura José Albarracín, propietario de una vaca lechera de raza Pardo Suizo que pasta en inmediaciones del lugar del suceso. “Hasta ayer me daba 17 botellas diarias, hoy apenas si suelta un chisguetico que ni da para llenar el jarro y no es que esté mastitiada”. Albarracín añadió que la ARL a la que tiene afiliado el semoviente le ha informado que no responde por este tipo de riesgos.

Policías de la estación del municipio del nororiente cundinamarqués alcanzaron a buscar entre los archivadores el protocolo para tomas guerrilleras, sin llegar a encontrarlo. Miembros del comité local del Centro Democrático alcanzaron a enviar 87231 trinos culpando a la Farc pero también a la Guardia Nacional Bolivariana de Venezuela.

Entre los ocupantes del automotor se reportaron cuatro casos de descuajo entre bebés y seis celulares reseteados sin razón aparente. También se informó de 45 gelatinas que iban rumbo a un jardín infantil derretidas y del tránsito a estado pétreo de la totalidad de los amasijos presentes en la cabina. Pasajeros aseguran que el mismo Chuck Norris, que en ese momento aparecía en las pantallas del automotor, hizo una inesperada pausa con gesto incluido de desconcierto e intriga sin que ninguno de los presentes pudiera responderle ‘a ciencia cierta’ qué había pasado.

El rostro del ayudante de la flota también sufrió. Al llegar a Sogamoso sus compañeros en la terminal le cambiaron su viejo remoquete del “Cuajada” por “el Picaso”.

“Hermano, iba de afán, qué quiere, si no le gusta pues de malas usted, yo tenía que entregar a tiempo o sino ya sabe qué pasa”, atinó a declarar el conductor del vehículo cuyo destino se debate a esta hora entre una Unidad de Reacción Inmediata de la Fiscalía y el pánel de ponentes del próximo Congreso de Física Cotidiana Aplicada a celebrarse en Salzburgo, Austria.

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