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ManuCapa

La noticia, que comenzó como un rumor del que se hablaba en voz baja en los pasillos de la Secretaría de Ambiente, ha sido confirmada por este portal: las emisiones de co2 del concierto del cantautor francés Manu Chao habrían alcanzado una cantidad capaz de hacer aumentar en varios kilómetros cuadrados el agujero de la capa de ozono.

El dato se obtuvo debido a que el artista exige que cada uno de sus actos sea sometido a esta medición para así cerciorarse que su existencia no significa una ofensa, lesión o perjuicio “a pachamamita”. “Tú sabes que más que cantante o compositor o músico, Manu es un ser sensible y en total sintonía con el cosmos. Él quiere a pachamamita más que a su madre, a su gato o a sí mismo. Por eso, desde hace varios años decidió cargar con un equipo hecho por monjes budistas que le permite medir sus emisiones, desde sus deposiciones hasta el vapor de los vegetales macrobióticos y orgánicos que cocina al vapor con leña de árbol tumbado por castores cabeza de familia”, afirma un allegado.

Así las cosas, para su presentación bogotana, lo primero que este exigió fue un reporte inmediato de la cantidad de emisiones del evento. Apenas obtuvo el informe, Chao habría padecido un desvanecimiento, por lo que habría sido necesario trasladarlo en ambulancia donde un chamán de su plena confianza. Según otro allegado este sigue sumido en una depresión profunda, encerrado en una habitación de una casa de un amigo suyo en la localidad de la Candelaria. “No habla, no come, está en posición fetal aferrado a una piel de alpahaca. Cada hora una asistente golpea en la puerta y pregunta ‘¿Manu?’, él solo responde un lacónico ‘Chao’, y pues ella se va”.

Las razones de la alta medición podrían tener que ver, según expertos consultados, con el trancón de la autopista, la avanzada edad y falta de mantenimiento de la planta eléctrica y, sobre todo,  el altísimo número de gases emitidos por el público en su mayoría vegetariano y, en esa medida, activo consumidor de repollas de bruselas, brocoli, coliflor, hojaldre y cebolla caramelizada. A estas emisiones de gases biológicos habría que sumar las de las mascotas de estas personas presentes en el lugar y todas inducidas a la fuerza a adoptar el mismo régimen alimentario de sus propietarios.

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