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“El Gasiu” restaurante de Barcelona reconocido mundialmente por sus propuestas gastronómicas de vanguardia está hoy en el ojo del huracán luego de que se descubriera uno de sus ingredientes secretos.

Esto ocurrió el pasado viernes cuando un comensal colombiano salía de madrugada del establecimiento y pudo detectar en la basura que a esa hora sacaban del lugar nada menos que un bulto vacío de Bienestarina, harina compuesta enriquecida que fabrica el estado colombiano para repartir entre la población menos favorecida.

Inquieto, el cliente indagó directamente con su propietario,  el afamado chef Joan Busquets, presente en el lugar. Ante el peso de la evidencia, no tuvo más remedio que reconocer que este era el responsable de la misteriosa textura que alcanzan, por ejemplo,  sus reducciones de croqueta de anticamarón con aleación conceptual de extracto de mango no nacido.

Ya entrado en gastos, el cocinero decidió explicar cómo llegó la Bienestarina a su restaurante. Todo comenzó hace dos años cuando viajó a Colombia. Estando en Buenaventura, donde tomaría el barco que lo llevaría a Gorgona, probó unas empanadas de pescado cuyo sabor y textura inmediatamente llamaron su atención. Hizo entonces la indagación y pronto Mariluz Valencia, quien las vende y también las prepara, le enumeró los ingredientes. Al final de la lista, uno de ellos llamó la atención del catalán: “y dos tazas de harina, pero si allá consigue también Bienestarina, pues entonces mejor”.

Creyendo que se trataba simplemente de una variedad más de harina, indagó por ella en el puerto. Rápidamente dio con un propietario de un supermercado que le dijo, palabras más, palabras menos “yo no se la puedo vender directamente, pero tengo un primo que tiene un contacto en el Bienestar y ese se la levanta”.

Sin saber muy bien ni el significado, pero tampoco el alcance de las palabras -creyó que el “Bienestar” era una cadena de supermercados-, el chef aceptó la propuesta del intermediario. Así, cuando se subió al barco rumbo a la antigua isla-prisión, ya había, quizás sin intención de violar la ley, ensamblado una red de aprovisionamiento del polémico ingrediente secreto. Y es que el intermediario no solo se mostró dispuesto a conseguirlo sino a “ponérselo en el puerto de Barcelona”, eso sí a cambio de una cuantiosa suma -alrededor de 3.000 euros- por kilo.

Como era de esperarse, el consulado colombiano en esta ciudad no tardó en pedirle explicaciones al restaurante que propuso como reparación enviar sus platos a 30 municipios con altos índices de desnutrición infantil. La oferta fue inmediatamente rechazada por el Bienestar Familiar al descubrir que estas no incluían alimentos sino que se basaban en una experiencia sensorial, hecho que, como es lógico, solo agravaría el problema.

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